domingo, 13 de octubre de 2019

Viento dile a la lluvia


Amo escuchar que llueve, acercarme a la ventana y no ver una ciudad desde ahí sino una pared blanca de agua que lo cubre todo. Una pared blanca diciendo que no hay nada más en ese momento y lugar que una fría lluvia, como invitándolo a uno a poner pausa y reflexionar.


También disfruto ese momento con cierto remordimiento por saber que al mismo tiempo, en otro lugar, hay personas padeciendo esa lluvia que tanto amo. Es que, como casi todas las cosas en la vida, lo que unos disfrutan otros lo padecen.

Y digo “como casi todas” porque en realidad, observando con un poco de detenimiento, son casi todas (tal vez sean todas, pero no me animo a afirmarlo). Basta observar lo que consumimos a diario, cada producto, cada servicio, cada cosa que disfrutamos en algún momento o fue, o es, o va a ser el sufrimiento de otra persona y también de otros seres vivos.

Inmerso en una nube de reflexiones, de contradicciones latentes, de reproche interno, empiezan a levitar conclusiones del tipo “es el sistema capitalista, en su naturaleza está marcado a fuego el sufrimiento, la explotación del hombre (y del medio ambiente) por el mismo hombre” o “es el actual modelo de consumo que nos lleva a esta situación”, también ante los sufrimientos diferenciados uno nunca deja de pensar en la inequitativa distribución de la riqueza que cambiaría mucho el panorama general, la desidia a la cual los Estados someten a sus pueblos, ya sea por acción u omisión, y me sale decir “con qué poco todo esto sería mejor para mucha gente!”.

Pensamientos yendo para un lado, críticas yendo para otro, cayendo todos a la vez como caen las gotas de lluvia y las preguntas retóricas sin hacerse esperar empiezan con el clásico “cómo permitimos esto?” o la pregunta más apurada de todas “hasta cuándo?”, mientras miro un paisaje desdibujado de lo que fue hasta hace unos momentos la ciudad.

Pienso que pienso muchas cosas, pero siempre llego a la misma idea que deseo ver realizada, un anhelo vulgar que significa mucho y es que sueño con un mundo donde todos puedan disfrutar la lluvia.

sábado, 26 de enero de 2019

El bueno, el malo y el ilegítimo


Hasta ahora no había escrito nada, pero en el mundo en su total totalidad (si me permiten la redundante redundancia) no pasa otra cosa que lo que pasa en Venezuela. El mundo llegó a un nivel de paz y bienestar general que los líderes de las potencias y países satélites no tiene en sus agendas internacionales ningún otro tema más que la situación de Venezuela.

Resulta que el hit del verano es Venezuela y hasta el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reunió para cantarlo, pero lo que nos preguntamos es, y permitanme el lenguaje académico, ¿qué onda Venezuela?

Bueno, se los resumo así nomás: todo empezó durante el 2018 (por decir un año), cuando estaba previsto celebrarse elecciones en mayo del mismo (en realidad antes, pero se modificó la fecha). Cuestión que el frente opositor de mayor importancia en Venezuela por “desacuerdos” (vamos a decir) con la CNE, se negó a participar de las elecciones porque las mismas iban a ser fraudulentas y un circo para intentar legitimar a Maduro. Resulta que tan, pero tan, fraudulentas iban a ser esas elecciones que hasta la ONU y otros organismos internacionales se negaron a ser veedoras del proceso electoral, alegando la falta de garantías democráticas.

Finalmente las elecciones se celebraron un domingo 20 de mayo de 2018, el bloque opositor más importante no participó y la abstención le ganó a todas las fuerzas que participaron de las elecciones. Teniendo en cuenta que votar no es obligación en Venezuela, el porcentaje de participación fue el más bajo de toda la historia reciente: 46.07%. De todas formas el oficialismo se impuso con un 30.42% sobre el total del padrón.

A partir de ese momento empezó una campaña fogoneada por la oposición más radicalizada de Venezuela para que la comunidad internacional no reconociera estas elecciones y su resultado. El asunto se caldeó mucho más a partir del 10 de enero, día en que juramentó Maduro para su segundo mandato hasta 2025. Y si la cosa no se podía caldear más, el presidente de la Asamblea Nacional se autoproclamó presidente y fue inmediatamente reconocido por EEUU, Canadá, Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Paraguay, Israel y una larga lista de países de la comunidad europea y otros. Y en una de esas rarezas de la política internacional, una lista de países ratificaron su reconocimiento a la presidencia de Maduro, en especial Rusia, China, Turquía, Cuba, Nicaragua y una larga lista de países de Asia, África y algunos países caribeños, entre otros.

Bueno, leyendo estos dos últimos párrafos, ya sabemos de qué va esto: un juego de conceptos y un juego de política mundial.

Desde la oposición venezolana se habla de la ilegitimidad del gobierno de Maduro y desde el oficialismo se habla de la legalidad de su gobierno (entendiendo ésta como legitimidad). Conceptualmente está bien planteado, ya que la oposición habla de un presidente ilegítimo y resulta que discutir lo legítimo o ilegítimo es entrar en el campo de la subjetividad. Por ejemplo ¿es legítimo que un gobierno que tiene cuatro años de mandato endeude a un país por 100 años? (por poner a Argentina como ejemplo). Para mi, y seguramente para una mayoría, no lo es. Pero, mal que nos pese, tiene legalidad.

Hablar de la legitimidad de Maduro, aunque sea entrar en el campo de lo relativo, en este punto a la oposición “le salió bien” ya que es un presidente respaldado por el voto del 20% de la población total. No se puede saber a ciencia cierta a quién respalda el/la venezolano/a que no fue a votar, ni tampoco el/la que todavía no está en condiciones de votar, pero en los números duros el respaldo al gobierno es numéricamente escaso. Sin embargo es un gobierno completamente legal y que la comunidad internacional no puede no reconocerlo, y menos que menos reconocer a un presidente paralelo.

Terminado el análisis conceptual sobre legítimo e ilegítimo, entra en juego el tablero de la política internacional, cual TEG, donde el mundo se divide, cual guerra fría, en dos grandes polos: EEUU y la comunidad europea vs. Rusia y China. A veces cuando se habla de Venezuela en los medios locales, se habla solamente de Venezuela y Maduro, pero en realidad hay un elefante que pasa por atrás y es la política internacional. En el “reparto del mundo” que se está llevando a cabo con mayor intensidad en algunas regiones, entró en juego Venezuela. Mientras en otras regiones del mundo EEUU pierde terreno frente a China y Rusia, no puede permitirse éste perder terreno en su “patio trasero”. Venezuela, más allá de todo, representa una amenaza en la región para sus intereses, ya que es la entrada y permanencia de Rusia y China en la región, más allá de que estas potencias también estén presentes en todo el continente.

El rol de Venezuela viene siendo como el de Cuba en épocas de guerra fría: el enclave cercano a EEUU con potencial de ponerlo en jaque en su propia casa. ¿Por qué las potencias se interesan tanto por Venezuela? Por sus recursos, obvio, y por su rol “desestabilizante” en una región alineada a EEUU. No lo puede seguir permitiendo EEUU, no puede permitirse Rusia y China perderse la oportunidad de aprovechar Venezuela.

A todos los condimentos de la política internacional se suma el “Grupo de Lima” o el “Cartel de Lima” (como cariñosamente le dice Maduro). Básicamente el “Grupo de Lima” irrumpe en escena para legitimar desde la región las acciones que quieran llevar a cabo en contra del gobierno de Maduro y de paso sentar un precedente nefasto contra la autodeterminación de los pueblos y el principio de no intervención en los asuntos los países. Un precedente que incluso puede ser aún peor si se consuma un golpe de Estado en Venezuela, ya que podría tratarse del golpe de Estado más legitimado por la región (¡y en el siglo XXI!).

En resumen, un quilombo. Se podría seguir profundizando sobre estos dos ejes, lo conceptual y el plano internacional, pero intenté sintetizarlo lo más posible y se extendió más de lo que pretendía. Creo de todas formas que esta publicación respondió a la pregunta inicial de “¿qué onda con Venezuela?” y cumple con la función que quiero darle al blog: escribir disparadores y alertar sobre algunas cuestiones que en la agenda mediática se suele pasar por alto. Quedaron afuera el tema de la crisis política, económica y humanitaria de Venezuela que quizás más adelante le dedique una publicación a parte. Mientras tanto, adeus!

lunes, 29 de octubre de 2018

Bolsonaro Gatinho

Otra pálida más y parece que nos vamos acostumbrando. La verdad es que la regla general para los pueblos de esta parte del mundo siempre fueron pálidas, solo que un par de generaciones tuvimos la suerte de ver la excepción a la regla y creímos que sería una tendencia que venía para quedarse.

Con la victoria del candidato progresista en el coloso país de México, casi como expresión de deseo, algunos vimos el principio del retorno de gobiernos populares en Latinoamérica, pero vino Colombia y ahora Brasil.

Aunque sobre Brasil hay que hacer salvedades para desglosar un poco el resultado electoral: en el año 2016 hubo un golpe de estado que derrocó el gobierno del PT y que las elecciones de este año, además de estar condicionadas por este hecho, también tuvieron al dirigente político con mayor respaldo en el país, Lula, proscripto, encarcelado e incomunicado. Esto es algo a tener en cuenta cuando hacemos análisis rápidos en el que concluimos que “la gente se equivoca, vota mal, vota con odio, etc.” Si no hacemos el esfuerzo por dejar de reducir todo a “la gente vota mal”, difícilmente podamos entender la motivación de un 55% del electorado brasilero que votó un candidato que expresó pensamientos que seguramente la mayoría de sus votantes rechaza.

Al igual que el caso de Trump, la motivación del voto, mayoritariamente, no estaba en los dichos xenófobos, misóginos u homofóbicos, sino que estaba  en las propuestas nacionalistas (en el país más nacionalista del mundo) de proteger las fuentes de trabajo, de hacer propio durante la campaña del sentido común anti político y romper con las formas protocolares y políticamente correctas.

Volviendo a Brasil, está claro que las clases dominantes no tienen la cantidad de votos necesarios para ser gobierno sin incluir en sus agendas las demandas más resonantes de sectores medios y bajos. Entonces ¿esos sectores votaron contra sus intereses? No, de hecho (sacando sus dichos misóginos y homofóbicos) supo ofrecer propuestas aceptadas por estos sectores. Por ejemplo el flagelo de la inseguridad es una demanda a la que el PT, aún con la policía militarizada y sacando a millones de la pobreza, no pudo terminar de satisfacer y por eso Bolsonaro hace propio lo que sigue: mano dura. Quien creyó que esa problemática se podía terminar con políticas inclusivas y un estado policial más fuerte, y todavía la sigue pareciendo, casi con seguridad ya terminó de aceptar el discurso de que son necesarios los escuadrones de la muerte.

Hay más ejemplos: la participación a las fuerzas armadas en el gobierno (recordemos que allá no hubieron juicios contra los militares genocidas como acá), la educación sin “influencia progre” en un país con tantos millones de católicos y evangélicos. En definitiva, gran parte de sectores medios y bajos tuvieron que haber visto en Bolsonaro el candidato que venía de afuera de la política, el que de todos los candidatos que había en la primer vuelta, con seguridad, no había formado parte de ningún gobierno del PT (algo así como las presidenciales argentinas de 2015, donde Macri era el único de los tres más votados que no había formado parte de ningún gobierno K). 

Es decir que Bolsonaro no solo fue el cuco descendiente de Hitler y que la mayoría de sus votantes no son solo masoquistas. Independientemente de los condicionantes ya mencionados y las fake news, Brasil no es un calco de Argentina, es un país mucho más complejo para analizar y que no merece que pequemos de “argencentrismo” para sacar conclusiones de 140 (o 280) caracteres.

No es mi intención cargar al PT con la totalidad de la culpa de la victoria de Bolsonaro, tampoco sugiero que el PT debería convertirse en un partido de derecha para ganar los votos de una sociedad que circunstancialmente tiende más a la derecha que a la izquierda, porque en definitiva el piso de votos y el techo alcanzado en el balotaje indica que también hay una gran parcialidad de la sociedad brasilera que rechaza las ideas de Bolsonaro y que en última instancia está más cercana al progresismo. 

Aunque todavía quedan más factores por analizar y reflexionar para poder entender qué es lo que está pasando en la región (y el mundo occidental en general) por acá no hay había otra pretensión de que se nos ocurra no caer en reduccionismos simplistas que nos lleva a repetir discursos hechos y después no tengamos respuestas para nada de las "sorpresas" que terminan pasando.

¿Conclusión preliminar sobre el resultado de las elecciones de Brasil?
La primer frase del primer párrafo.

sábado, 20 de octubre de 2018

No me olvido


Cada año que pasa vuelvo a reflexionar sobre lo que pasó. Hace 8 años recién estaba empezando a sentirme parte de un proyecto político “nacional y popular”. 
Es cierto que en el año 2003 mis viejos (en especial mi viejo) me llevaron a Plaza de Mayo para la asunción de Néstor Kirchner y a quien por algún motivo le tenía mucha fe, en esa oportunidad no fui por él sino por Fidel Castro y Hugo Chávez que iban a estar ahí. No había tradición peronista en la familia, sino una tendencia anti-peronista y de admiración a la izquierda en general. Creo que mis años previos al 2010 crecía en mi una tendencia a la izquierda, hasta que en el 2010 empece a sentirme como un hijo adoptivo de un movimiento al que pocas veces había visto con buenos ojos. Programas sociales, legislaciones progresistas y una mejora económica en general me hicieron ver que otro país era posible. También ver a las figuras de la “vieja política” englobados en contra de este proyecto terminó de hacerme cerrar la ecuación.

Fue en toda esta transición, a mis 17 años, donde lo ideológico se relegaba un poco frente al pragmatismo: un proyecto político que no encarnaba una revolución, pero que era lo mejor que me había tocado ver en la vida. Previo a este proyecto no había visto más que De La Rua, Saa, Puertas y Duhalde, personajes que no me gustaban ni un poco. A medida que pasaban estas cosas llegó un 20 de octubre de 2010, un día trágico en que un militante del PO era asesinado por la burocracia sindical. Admito que en el momento no comprendí la magnitud de lo que había pasado, ni las implicancias que tuvo el gobierno al cual empezaba a sentirlo propio (implicancias para bien y para mal, obvio).

Pasaban los años y cada aniversario de esa tragedia iba haciéndome distintas reflexiones, influenciado obviamente por la línea de mi organización: que nosotros estábamos totalmente en contra de aquellas prácticas, que no teníamos nada que ver, etc. Que en definitiva de nuestra parte, obviamente, siempre hubieron muy buenas intenciones con todo, pero lástima que algunos dirigentes se aprovechaban de eso y nosotros quedábamos pegados.

Para mi suerte, y quizás para la de muchos, hubieron militantes de izquierda que, de buena o mala manera, nos cuestionaron esa visión y tenían razón en algunos planteos. Realmente ¿no teníamos nada que ver con lo que le pasó a Mariano? Por acción u omisión ¿no fuimos responsables también? Sin ninguna intención de quitar mérito a lo positivo del proyecto político que defendí y defiendo, nuestro gobierno fue el que no terminó con la flexibilización laboral encubierta que nos dejó el laburo tercerizado, fue nuestro ministro de trabajo el que aconsejaba a Pedraza, fue nuestra propia organización política la que lo invitó para que nos forme sobre el mundo sindical. Uno podría decir que no existe ningún gobierno ni funcionario con las manos limpias, que uno podría haberles dado el beneficio de la duda en un principio pero... qué difícil cuando ya salieron a la luz los detalles y el trasfondo de la tragedia ¿no?

Difícil también, ante estos hechos, hacer de cuenta que fue cosa juzgada y que, por ejemplo, nuestro gran ex ministro Tomada (cada vez más querido conforme Triaca siga ejerciendo ese cargo) salió ileso judicialmente. Hablo por mi, quizás para algunos no sea difícil: ampararse en que la justicia no lo juzgó sea suficiente para votarlo, no una, sino dos veces, para dejar de lado nuestros juicios personales, que deben ser políticos si somos militantes y no dejar todo al criterio de lo meramente judicial.

Creo en que cuando uno milita en un espacio político, debe ser militante sin beneficio de inventario, que si está orgulloso de los logros que tuvo ese proyecto, también debe sentir vergüenza de los fracasos, debe repudiarlos y actuar en consecuencia, porque en caso contrario uno los avala también.

Cuando hablamos de volver mejores, realmente deseo que sea de verdad volver mejores y no volver a toda costa o con quien sea. Si hay 2019, que no haya nunca más un 20 de octubre de 2010.

Pasaron 8 años. No me olvido del militante Mariano, no me olvido del “compañero” Pedraza, no me olvido de nuestro ministro Tomada, no me olvido de mi organización, no me olvido de mi.

martes, 29 de mayo de 2018

Gracias...

A quienes hablan y no callan
A quienes sueñan y no duermen
A quienes quieren por lo que es y no por lo que vale
A quienes lloran porque otros ríen y no ríen porque otros lloran

A quienes van de frente
A quienes se preguntan y no se responden
A quienes buscan problemas y no soluciones
A quienes desordenan la vida y no se acomodan en ella

A quienes cuestionan y no asienten
A quienes creen en el sacrificio y no en sacrificar
A quienes brindan seguridad aún con todas sus dudas
A quienes tratan de atacar los motivos y no las consecuencias

A quienes saben que les falta algo y que ese algo no se compra
A quienes sospechan que no son libres
A quienes resisten y dan pelea
Gracias.

martes, 27 de febrero de 2018

Guía rápida para debatir sobre el aborto

Este blog nunca tuvo por intención brindar un servicio a la comunidad, pero en caso de que pudiese servir ¿por qué no...? El avance en las comunicaciones y en particular de las redes sociales, nos dan la oportunidad de debatir nosotros los proyectos, antes que lo haga la institución formal del parlamento legislativo, y que las ideas logren mucha más difusión que en otras épocas y sin necesidad de los medios de comunicación tradicionales. Esto genera no solo una discusión más profunda y pareja en la sociedad, sino que además puede marcar una tendencia que condicione en mayor o menor medida al parlamento legislativo, antes de que este comience formalmente a debatir.

No obstante esta herramienta tan importante que nos cae del cielo, sin haber hecho mérito para conseguirla, sin entenderla por completo, no suele estar siendo aprovechada de la mejor manera. Cada vez más se vuelve tendencia la idea de “es mi opinión subjetiva, la tuya también lo es, aceptala”. Bueno, esto se ve en lo cotidiano, y lógicamente también se refleja en las redes sociales. Es como si un mono se sentara frente a una computadora y empezara a escribir tocando cualquier tecla y que pretenda que aceptemos la coherencia de lo que sea que haya escrito. Sí, es valido como opinión, ahora si tu opinión se forma en premisas que yo te puedo cuestionar vos tenes dos opciones: a) defender las premisas. b) aceptar que te equivocaste. La tercera opción de “es mi opinión, punto” no es valido como argumento coherente, sí como creencia personal.

Partiendo de esta base, y con la intención de que nadie entre a un debate “dando piñas en la oscuridad con su opinión” a partir de acá empieza la “guía rápida para debatir sobre el aborto”:

En Argentina actualmente el aborto es ilegal, salvo que el mismo haya sido producto de una violación o ponga en riesgo la vida de la mujer. La Corte Suprema de Justicia determinó que para estos casos no hace falta recurrir a la justicia para que el Estado garantice la interrupción del embarazo, pero esto no evita entrar a la zona gris de: la mujer que quiere interrumpir el embarazo, pero todavía no está lista para aceptar que fue victima de violación (por millones de factores), el personal médico que se opone a realizarlo porque afecta a su código moral y/o creencias (que están en su derecho de hacerlo, pero no de impedir que otros médicos lo hagan... aunque prácticamente hacen lo posible por evitarlo), o entrar al campo de la relatividad respecto hasta qué punto el embarazo le puede generar un riesgo inminente a la vida de la mujer.

En conclusión, independientemente del fallo de la CSJ, la mayoría de las mujeres, incluso quienes estarían en condiciones de hacerlo en hospital público con todas las garantías legales, deciden interrumpir el embarazo de forma clandestina y en lugares más o menos seguros (según su nivel socio-económico).

Es importante tener en cuenta que el debate no es dicotómico entre “Pro-vida vs. Abortistas” o “A favor de metodos anticonceptivos vs. Aborto”. Algo que generalmente pasa en los debates es caer en estas dicotomías que poco ayudan a resolver esta problemática. De un lado y del otro se está a favor de defender la vida, no es una guerra santa entre angeles y demonios.

Además lo que se está pidiendo junto a la legalización del aborto, es garantizar los métodos anticonceptivos y la educación sexual integral. Hay que entender en este punto de que estamos en un país donde el Estado está ausente en muchísimas problemáticas que padece la sociedad y en especial los sectores más vulnerables, entonces es probable que muchas y muchos que participan en este debate hayan tenido educación sexual, conozcan y sepan sobre los métodos anticonceptivos, pero hay una gran parte de la población que no tuvo acceso a los mismos. Hay que considerar, además, que gran parte de las mujeres que abortan son de barrios a los que en muchos casos ni siquiera el Estado garantiza los servicios básicos, como agua corriente, luz, gas natural, cloacas, etc. En donde además, en general, el acceso a la educación (no solo sexual) es dificultoso.  

Hay que evitar de todas las formas posibles entrar al debate con frases hechas del tipo “que cierren las piernas”, “se hubieran cuidado”, “que tenga al hijo y lo dé en adopción, si fue producto de violación” y otras similares. En realidad hay que evitar entrar al debate con frases hechas, porque las mismas demuestran la ligereza con la que se abarca el tema y éste en particular no es para tomarlo a la ligera. Más si sos hombre, más si crees que es un problema solamente de la mujer, porque para un embarazo “convencional” se necesitan dos personas: un hombre y una mujer. Por más que la mujer sea quien menos posibilidades tiene de desligarse de la responsabilidad de llevar adelante un embarazo, por razones obvias, es momento de entender que también eso de “cuidarse” y “cerrar las piernas” corresponde al hombre. Salvo que el Espiritu Santo haya elegido a otra mujer para concebir, esto es una cuestión de dos mortales.

Y algo que es mucho muy importante, que no se puede dejar pasar, es el uso de la “superioridad intelectual y moral” para demostrar que tenes razón. Como dije más arriba, no se trata de “buenos” contra “malos”, no se trata de “inteligentes” contra “burros” . La persona con la que estás debatiendo puede estar más o menos informada que vos, puede tener más o menos experiencia que vos, pero de la forma que sea, sus argumentos son igual de válidos que los tuyos. Emm... argumentos no fundados en creencias personales, claro está.

Ya sé, el titulo prometía una guía rápida, y no fue ni tan guía ni tan rápida. Además dije que este blog nunca tuvo por intención brindar un servicio a la comunidad, que en caso de que lo fuera ¿por qué no...? Bueno, no es este el caso. Ahora ya pueden seguir debatiendo sobre la legalización del aborto.

jueves, 22 de febrero de 2018

No es purismo, es coherencia

No pretendo de mis dirigentes y responsables políticos la perfección. Tampoco la espero de mis compañeros y compañeras, como tampoco quisiera que ellos y ellas la esperaran de mi. Y aunque en el ámbito de lo político contemos con grandes cuadros que lograron una construcción admirable, no por eso podemos obviar cuestiones personales que son cada vez más cuestiones políticas. 

Los tiempos que corren nos obligan a que dejemos atrás los argumentos que se usaban para evitar las contradicciones que hoy hay que enfrentar. La zaraza de que el político no debe ser juzgado bajo una ética cristiana porque la política tiene su propia ética, es válida siempre que el político no proclame la justicia social y entre cuatro paredes contribuya a evitar la misma. Porque en principio o es un hipócrita o juega para el enemigo. Y juzgando bajo la ética cristiana es un Judas cualquiera. 

Hay una batalla al interior de los movimientos, al interior de las estructuras, en donde se define el modelo de militante que pretende “volver mejor”. Entre los que quieren volver mejores se filtraron expresiones de la opresión, del abuso, de lo salvaje, lo putrefacto que hay en la sociedad, que se sientan o trabajan para quienes ocupan lugares de conducción y representación en la organización de la que formo parte desde que tengo 18 años. Pero del otro lado hay militantes sin una sola mancha, que militan por la genuina convicción de que una sociedad justa es posible, que no son perfectos o perfectas, que les falta mucho camino por andar, pero que responden a un modelo íntegro de militante, que en su vida son consecuentes con sus ideas y discursos. 

De quienes traicionaron a sus militantes, a sus simpatizantes, a la organización, y todavía están acobijados en la estructura por decisión política de quienes no quieren ver esta realidad, ya no espero nada de ellos y ellas. Por quienes responden al modelo íntegro de militante, los y las que para mí van a tener el rol de cumplir con el mandato de volver mejores, me quedo en la organización a su entera disposición y con la pretensión de que no pierdan un valor invaluable del militante político: su humanidad.