domingo, 3 de noviembre de 2019

Hasta que nos volvamos a ver

“Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo...” dice la canción y es cierto. Aunque también aplica para cualquier ser querido que se haya ido. 

¿Qué hacer con la amargura que genera la pérdida de un ser irreemplazable en nuestras vidas? Esta es quizás la pregunta más recurrente después de sufrir la tragedia de perder un ser querido. Y no, lamentablemente no tengo respuestas para eso. Me hago esa pregunta ahora, y con toda seguridad, lamentablemente, me la vaya a hacer de nuevo dentro de algún tiempo inestimable. 

Cada uno, ante la tragedia, busca formas de calmar su amargura y sensación de vacío interior que genera una pérdida. Por ejemplo yo ahora estoy escribiendo sobre un ser querido, el cual nunca imaginé que podía llegar a hacerme sentir de esta forma el día que se fuera. O tal vez no consideré la posibilidad de que se fuera. 

En cuestión este ser querido fue una mascota, no era mía en el sentido de propiedad, sino de otra persona. Pero como dice otra canción “lo que amamos lo consideramos nuestra propiedad” y sí, totalmente. Ese ser querible era nada más y nada menos que un cobayo que desde hace unos años se convirtió en otro de la familia. Era una cobaya, la queríamos y disfrutábamos su presencia en nuestras vidas. Fue ese ser que uno se alegraba de ver, se alegraba de saber que estaba en algún lado de la casa, a veces en el balcón, otras veces suelta por la habitación, a veces escondida en algún rincón. Si habré renegado alguna vez que desde el balcón entraban a mi pieza. Me causaba gracia, pero a la vez me preocupaba que pudieran morder algún cable y hacerse daño. O que pudiera pisarla sin darme cuenta. Renegaba, con un poco de humor, para que volviesen al balcón esos seres extraños que en su mundo vaya uno a saber qué cosas estaban pensando.  

Varias veces mi hermano me hacía despedirme de la cobaya cuando él se iba de viaje y tenía que dejarla en la casa de otra persona para que la cuidara porque yo con el trabajo, el estudio y con ser un queso para cuidarla, no podía y no me animaba a hacerlo. Un día me despedí de ella sin saber que era la última vez que iba a verla y ese recuerdo se vuelve tan trágico. Trágico por el hecho en sí mismo, trágico por los recuerdos que rememora: todas las tragedias, todas las últimas despedidas sin saber que iban a ser las últimas. Y pienso “ojalá hubiese pasado un minuto más viéndola” o “ojalá la hubiese podido acariciar una vez más” o “ojalá pudiera escucharla una vez más”. Seres queribles que se ganan un pedacito de nuestro corazón y por esas cosas de la vida un día se van y nos dejan con lindos recuerdos opacados por la tristeza de no volverlos a ver. 

Nunca en mi vida me imaginé estar escribiendo sobre un ser querido tan pequeño, tan “insignificante” como un roedor, pero acá estoy, escribiendo con lágrimas en los ojos porque un pequeño e insignificante ser para este gigantesco mundo lleno de problemas esta misma noche decidió partir para siempre. Ojalá las palabras puedan servir para mitigar un poco el dolor. En donde sea que estés, en donde sea que estén todos los seres queridos que nunca en vida voy a volver a ver, espero que estés bien y gracias por haber hecho de nuestras vidas un poco más felices.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Nunca nos fuimos pero ahora volvimos

Este blog lo pensé en el año 2015, en momentos donde ya estaba definido que la derecha iba a gobernar nuestro país durante los siguientes cuatro años. En aquellos tiempos reinaba la incertidumbre por no saber la gravedad de lo que se venía. Hubieron optimistas que hablaron de una “nueva derecha”, se habló también de la posibilidad de un gobierno que continuase las políticas de Estado que venían dando resultados, también estuvieron los fatalistas que desde el día uno de Macri hablaron de una dictadura y hasta usaban frases del tipo “ni Videla se animó a esto”. Ya pasaron cuatro años ¿qué se puede decir?

Si hay que empezar diciendo algo sobre estos cuatro años, sin exagerar lo fatalista, tengo que decir que algunos no lo contaron. Entre ellos están quienes fueron asesinados durante, o en contexto de, represión a manifestaciones, también están los asesinados por las fuerzas policiales envalentonadas por un gobierno que miraba al costado con el gatillo fácil, los muertos invisibles y difíciles de contar que se los llevó la falta de salud por carencia de medios de vida dignos. Aquellos que vieron deteriorada su salud y su ánimo después de verse sin una fuente de ingresos para mantener a su familia, para cubrir los gastos de salud, de educación, de vivienda y que un día no pudieron más. A ellos es dificil de contarlos, como tantos otros muertos invisibles, pero sin duda ese número aumentó estos años. Estos no la pudieron contar.

¿Nueva derecha? ¿vieja dictadura? ¿más de lo mismo? Ni sí, ni no, ni blanco, ni negro. Lo novedoso de esta “nueva derecha” fue una política comunicacional muy bien adaptada a los tiempos que corren y sobre todo, quizás más importante, un partido de derecha que gana con los votos en las urnas. En este país, por lo menos, que la derecha se haya encolumnado detrás de un partido y no detrás de los cuarteles, es un gran avance para la democracia y la convivencia pacífica. Sin dudas no fue una dictadura,como tampoco fue un gobierno que defendiese (como se proclama) a capa y espada los valores republicanos. El punto más cercano (y aún así lejos) con la dictadura, además de los planes económicos similares, estuvo en la mano dura de las fuerzas represivas. El envalentonamiento de las mismas, como dije antes, se llevó la vida de quienes hoy no la cuentan.

Políticas de Estado... ¿se comen? Lamentablemente la esperanza de que podamos ser un país con proyectos  a largo plazo que trasciendan los diferentes gobiernos quedó relegada durante estos cuatro años. En cuanto a ciencia, educación, derechos humanos e industrialización, este gobierno recortó y postergó cuanto pudo. De repatriar científicos y hacerlos trabajar acá pasó a ningunearlos y exiliarlos. De seguir creando universidades, escuelas y jardines, paso a declarar una guerra contra los educadores y recortarles el presupuesto. Hasta casi reemplazan a todos los docentes por voluntarios que no sabían diferenciar el “hay” del “ahí”. En cuanto a derechos humanos otra vez pusieron en agenda la teoría de los dos demonios y casi dan domiciliaria para los genocidas. Y de industrialización mejor no hablar: miles de pymes tuvieron que bajar la persiana porque el ahogo y la caída de consumo hicieron insostenible su situación. Bueno, difícil nombrar por este medio tantas políticas de estado que se abandonaron, valgan los ejemplos anteriores para sintetizar el punto.

Como trabajador y estudiante durante estos años doy fe de que en muchos momento sentí estar en una pesadilla. Como estudiante pasé de cobrar una beca y hasta poder anillar todos y cada uno de mis apuntes, a tener que resignar materias por no llegar a comprar todo el material bibliográfico. Incluso en mi peor momento tuve que ir a cursar saltando los molinetes del subte porque ya ni la tarjeta SUBE tenía cargada. Y como trabajador más de una vez me vi agarrándome la cabeza por la angustia que producía trabajar tanto y aún así no llegar a fin de mes. Y digo, me pasó a mi con un trabajo aceptable y sin tener que mantener una familia. No puedo imaginar la angustia de alguien en situaciones más desfavorables. Usar la tarjeta de crédito para comprar comida y los aguinaldos para pagar deudas acumuladas fueron una constante estos años, doy fe.

Recuerdo haber empezado a escribir este blog en el 2015 y decir que cuando volviéramos íbamos a hacerlo “con los barcos de nuestros enemigos” y sí, algo de eso hubo. Aceptando las reglas de juego actual, asimilando que de la misma forma que nos fuimos no se podía volver, imitando aquellas estrategias que daban resultados de nuestros “enemigos” un día como hoy, o  mañana, vamos a poder decir “volvimos mejores”. Volvemos mejores porque nuestros barcos quedaron obsoletos y fue necesario dar una vuelta de rosca, que costó darla, aceptar los cambios y adaptarnos.

Este blog cierra un ciclo para mi, el objetivo testimonial que quise darle ya lo tuvo. Aunque con pocas entradas y visitas, y más diario íntimo que blog público, me gusta entrar de vez en cuando y leer por arriba cada publicación, en especial la fecha de publicación y entender el por qué de cada palabra, de cada oración, recordar lo que pasaba en ese momento. Me siento muy entusiasmado por el momento político que se viene, por la posibilidad de poder hacer todo mejor de lo que hicimos antes, de corregir cada error que tuvimos, de esforzarnos el doble que antes, de entender que en el trabajo diario va a estar la clave para quedarnos y no en dejar librada nuestra suerte a las campañas electorales, y aunque nunca nos fuimos, ahora volvimos.

domingo, 13 de octubre de 2019

Viento dile a la lluvia


Amo escuchar que llueve, acercarme a la ventana y no ver una ciudad desde ahí sino una pared blanca de agua que lo cubre todo. Una pared blanca diciendo que no hay nada más en ese momento y lugar que una fría lluvia, como invitándolo a uno a poner pausa y reflexionar.


También disfruto ese momento con cierto remordimiento por saber que al mismo tiempo, en otro lugar, hay personas padeciendo esa lluvia que tanto amo. Es que, como casi todas las cosas en la vida, lo que unos disfrutan otros lo padecen.

Y digo “como casi todas” porque en realidad, observando con un poco de detenimiento, son casi todas (tal vez sean todas, pero no me animo a afirmarlo). Basta observar lo que consumimos a diario, cada producto, cada servicio, cada cosa que disfrutamos en algún momento o fue, o es, o va a ser el sufrimiento de otra persona y también de otros seres vivos.

Inmerso en una nube de reflexiones, de contradicciones latentes, de reproche interno, empiezan a levitar conclusiones del tipo “es el sistema capitalista, en su naturaleza está marcado a fuego el sufrimiento, la explotación del hombre (y del medio ambiente) por el mismo hombre” o “es el actual modelo de consumo que nos lleva a esta situación”, también ante los sufrimientos diferenciados uno nunca deja de pensar en la inequitativa distribución de la riqueza que cambiaría mucho el panorama general, la desidia a la cual los Estados someten a sus pueblos, ya sea por acción u omisión, y me sale decir “con qué poco todo esto sería mejor para mucha gente!”.

Pensamientos yendo para un lado, críticas yendo para otro, cayendo todos a la vez como caen las gotas de lluvia y las preguntas retóricas sin hacerse esperar empiezan con el clásico “cómo permitimos esto?” o la pregunta más apurada de todas “hasta cuándo?”, mientras miro un paisaje desdibujado de lo que fue hasta hace unos momentos la ciudad.

Pienso que pienso muchas cosas, pero siempre llego a la misma idea que deseo ver realizada, un anhelo vulgar que significa mucho y es que sueño con un mundo donde todos puedan disfrutar la lluvia.

sábado, 26 de enero de 2019

El bueno, el malo y el ilegítimo


Hasta ahora no había escrito nada, pero en el mundo en su total totalidad (si me permiten la redundante redundancia) no pasa otra cosa que lo que pasa en Venezuela. El mundo llegó a un nivel de paz y bienestar general que los líderes de las potencias y países satélites no tiene en sus agendas internacionales ningún otro tema más que la situación de Venezuela.

Resulta que el hit del verano es Venezuela y hasta el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reunió para cantarlo, pero lo que nos preguntamos es, y permitanme el lenguaje académico, ¿qué onda Venezuela?

Bueno, se los resumo así nomás: todo empezó durante el 2018 (por decir un año), cuando estaba previsto celebrarse elecciones en mayo del mismo (en realidad antes, pero se modificó la fecha). Cuestión que el frente opositor de mayor importancia en Venezuela por “desacuerdos” (vamos a decir) con la CNE, se negó a participar de las elecciones porque las mismas iban a ser fraudulentas y un circo para intentar legitimar a Maduro. Resulta que tan, pero tan, fraudulentas iban a ser esas elecciones que hasta la ONU y otros organismos internacionales se negaron a ser veedoras del proceso electoral, alegando la falta de garantías democráticas.

Finalmente las elecciones se celebraron un domingo 20 de mayo de 2018, el bloque opositor más importante no participó y la abstención le ganó a todas las fuerzas que participaron de las elecciones. Teniendo en cuenta que votar no es obligación en Venezuela, el porcentaje de participación fue el más bajo de toda la historia reciente: 46.07%. De todas formas el oficialismo se impuso con un 30.42% sobre el total del padrón.

A partir de ese momento empezó una campaña fogoneada por la oposición más radicalizada de Venezuela para que la comunidad internacional no reconociera estas elecciones y su resultado. El asunto se caldeó mucho más a partir del 10 de enero, día en que juramentó Maduro para su segundo mandato hasta 2025. Y si la cosa no se podía caldear más, el presidente de la Asamblea Nacional se autoproclamó presidente y fue inmediatamente reconocido por EEUU, Canadá, Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Paraguay, Israel y una larga lista de países de la comunidad europea y otros. Y en una de esas rarezas de la política internacional, una lista de países ratificaron su reconocimiento a la presidencia de Maduro, en especial Rusia, China, Turquía, Cuba, Nicaragua y una larga lista de países de Asia, África y algunos países caribeños, entre otros.

Bueno, leyendo estos dos últimos párrafos, ya sabemos de qué va esto: un juego de conceptos y un juego de política mundial.

Desde la oposición venezolana se habla de la ilegitimidad del gobierno de Maduro y desde el oficialismo se habla de la legalidad de su gobierno (entendiendo ésta como legitimidad). Conceptualmente está bien planteado, ya que la oposición habla de un presidente ilegítimo y resulta que discutir lo legítimo o ilegítimo es entrar en el campo de la subjetividad. Por ejemplo ¿es legítimo que un gobierno que tiene cuatro años de mandato endeude a un país por 100 años? (por poner a Argentina como ejemplo). Para mi, y seguramente para una mayoría, no lo es. Pero, mal que nos pese, tiene legalidad.

Hablar de la legitimidad de Maduro, aunque sea entrar en el campo de lo relativo, en este punto a la oposición “le salió bien” ya que es un presidente respaldado por el voto del 20% de la población total. No se puede saber a ciencia cierta a quién respalda el/la venezolano/a que no fue a votar, ni tampoco el/la que todavía no está en condiciones de votar, pero en los números duros el respaldo al gobierno es numéricamente escaso. Sin embargo es un gobierno completamente legal y que la comunidad internacional no puede no reconocerlo, y menos que menos reconocer a un presidente paralelo.

Terminado el análisis conceptual sobre legítimo e ilegítimo, entra en juego el tablero de la política internacional, cual TEG, donde el mundo se divide, cual guerra fría, en dos grandes polos: EEUU y la comunidad europea vs. Rusia y China. A veces cuando se habla de Venezuela en los medios locales, se habla solamente de Venezuela y Maduro, pero en realidad hay un elefante que pasa por atrás y es la política internacional. En el “reparto del mundo” que se está llevando a cabo con mayor intensidad en algunas regiones, entró en juego Venezuela. Mientras en otras regiones del mundo EEUU pierde terreno frente a China y Rusia, no puede permitirse éste perder terreno en su “patio trasero”. Venezuela, más allá de todo, representa una amenaza en la región para sus intereses, ya que es la entrada y permanencia de Rusia y China en la región, más allá de que estas potencias también estén presentes en todo el continente.

El rol de Venezuela viene siendo como el de Cuba en épocas de guerra fría: el enclave cercano a EEUU con potencial de ponerlo en jaque en su propia casa. ¿Por qué las potencias se interesan tanto por Venezuela? Por sus recursos, obvio, y por su rol “desestabilizante” en una región alineada a EEUU. No lo puede seguir permitiendo EEUU, no puede permitirse Rusia y China perderse la oportunidad de aprovechar Venezuela.

A todos los condimentos de la política internacional se suma el “Grupo de Lima” o el “Cartel de Lima” (como cariñosamente le dice Maduro). Básicamente el “Grupo de Lima” irrumpe en escena para legitimar desde la región las acciones que quieran llevar a cabo en contra del gobierno de Maduro y de paso sentar un precedente nefasto contra la autodeterminación de los pueblos y el principio de no intervención en los asuntos los países. Un precedente que incluso puede ser aún peor si se consuma un golpe de Estado en Venezuela, ya que podría tratarse del golpe de Estado más legitimado por la región (¡y en el siglo XXI!).

En resumen, un quilombo. Se podría seguir profundizando sobre estos dos ejes, lo conceptual y el plano internacional, pero intenté sintetizarlo lo más posible y se extendió más de lo que pretendía. Creo de todas formas que esta publicación respondió a la pregunta inicial de “¿qué onda con Venezuela?” y cumple con la función que quiero darle al blog: escribir disparadores y alertar sobre algunas cuestiones que en la agenda mediática se suele pasar por alto. Quedaron afuera el tema de la crisis política, económica y humanitaria de Venezuela que quizás más adelante le dedique una publicación a parte. Mientras tanto, adeus!

lunes, 29 de octubre de 2018

Bolsonaro Gatinho

Otra pálida más y parece que nos vamos acostumbrando. La verdad es que la regla general para los pueblos de esta parte del mundo siempre fueron pálidas, solo que un par de generaciones tuvimos la suerte de ver la excepción a la regla y creímos que sería una tendencia que venía para quedarse.

Con la victoria del candidato progresista en el coloso país de México, casi como expresión de deseo, algunos vimos el principio del retorno de gobiernos populares en Latinoamérica, pero vino Colombia y ahora Brasil.

Aunque sobre Brasil hay que hacer salvedades para desglosar un poco el resultado electoral: en el año 2016 hubo un golpe de estado que derrocó el gobierno del PT y que las elecciones de este año, además de estar condicionadas por este hecho, también tuvieron al dirigente político con mayor respaldo en el país, Lula, proscripto, encarcelado e incomunicado. Esto es algo a tener en cuenta cuando hacemos análisis rápidos en el que concluimos que “la gente se equivoca, vota mal, vota con odio, etc.” Si no hacemos el esfuerzo por dejar de reducir todo a “la gente vota mal”, difícilmente podamos entender la motivación de un 55% del electorado brasilero que votó un candidato que expresó pensamientos que seguramente la mayoría de sus votantes rechaza.

Al igual que el caso de Trump, la motivación del voto, mayoritariamente, no estaba en los dichos xenófobos, misóginos u homofóbicos, sino que estaba  en las propuestas nacionalistas (en el país más nacionalista del mundo) de proteger las fuentes de trabajo, de hacer propio durante la campaña del sentido común anti político y romper con las formas protocolares y políticamente correctas.

Volviendo a Brasil, está claro que las clases dominantes no tienen la cantidad de votos necesarios para ser gobierno sin incluir en sus agendas las demandas más resonantes de sectores medios y bajos. Entonces ¿esos sectores votaron contra sus intereses? No, de hecho (sacando sus dichos misóginos y homofóbicos) supo ofrecer propuestas aceptadas por estos sectores. Por ejemplo el flagelo de la inseguridad es una demanda a la que el PT, aún con la policía militarizada y sacando a millones de la pobreza, no pudo terminar de satisfacer y por eso Bolsonaro hace propio lo que sigue: mano dura. Quien creyó que esa problemática se podía terminar con políticas inclusivas y un estado policial más fuerte, y todavía la sigue pareciendo, casi con seguridad ya terminó de aceptar el discurso de que son necesarios los escuadrones de la muerte.

Hay más ejemplos: la participación a las fuerzas armadas en el gobierno (recordemos que allá no hubieron juicios contra los militares genocidas como acá), la educación sin “influencia progre” en un país con tantos millones de católicos y evangélicos. En definitiva, gran parte de sectores medios y bajos tuvieron que haber visto en Bolsonaro el candidato que venía de afuera de la política, el que de todos los candidatos que había en la primer vuelta, con seguridad, no había formado parte de ningún gobierno del PT (algo así como las presidenciales argentinas de 2015, donde Macri era el único de los tres más votados que no había formado parte de ningún gobierno K). 

Es decir que Bolsonaro no solo fue el cuco descendiente de Hitler y que la mayoría de sus votantes no son solo masoquistas. Independientemente de los condicionantes ya mencionados y las fake news, Brasil no es un calco de Argentina, es un país mucho más complejo para analizar y que no merece que pequemos de “argencentrismo” para sacar conclusiones de 140 (o 280) caracteres.

No es mi intención cargar al PT con la totalidad de la culpa de la victoria de Bolsonaro, tampoco sugiero que el PT debería convertirse en un partido de derecha para ganar los votos de una sociedad que circunstancialmente tiende más a la derecha que a la izquierda, porque en definitiva el piso de votos y el techo alcanzado en el balotaje indica que también hay una gran parcialidad de la sociedad brasilera que rechaza las ideas de Bolsonaro y que en última instancia está más cercana al progresismo. 

Aunque todavía quedan más factores por analizar y reflexionar para poder entender qué es lo que está pasando en la región (y el mundo occidental en general) por acá no hay había otra pretensión de que se nos ocurra no caer en reduccionismos simplistas que nos lleva a repetir discursos hechos y después no tengamos respuestas para nada de las "sorpresas" que terminan pasando.

¿Conclusión preliminar sobre el resultado de las elecciones de Brasil?
La primer frase del primer párrafo.

sábado, 20 de octubre de 2018

No me olvido


Cada año que pasa vuelvo a reflexionar sobre lo que pasó. Hace 8 años recién estaba empezando a sentirme parte de un proyecto político “nacional y popular”. 
Es cierto que en el año 2003 mis viejos (en especial mi viejo) me llevaron a Plaza de Mayo para la asunción de Néstor Kirchner y a quien por algún motivo le tenía mucha fe, en esa oportunidad no fui por él sino por Fidel Castro y Hugo Chávez que iban a estar ahí. No había tradición peronista en la familia, sino una tendencia anti-peronista y de admiración a la izquierda en general. Creo que mis años previos al 2010 crecía en mi una tendencia a la izquierda, hasta que en el 2010 empece a sentirme como un hijo adoptivo de un movimiento al que pocas veces había visto con buenos ojos. Programas sociales, legislaciones progresistas y una mejora económica en general me hicieron ver que otro país era posible. También ver a las figuras de la “vieja política” englobados en contra de este proyecto terminó de hacerme cerrar la ecuación.

Fue en toda esta transición, a mis 17 años, donde lo ideológico se relegaba un poco frente al pragmatismo: un proyecto político que no encarnaba una revolución, pero que era lo mejor que me había tocado ver en la vida. Previo a este proyecto no había visto más que De La Rua, Saa, Puertas y Duhalde, personajes que no me gustaban ni un poco. A medida que pasaban estas cosas llegó un 20 de octubre de 2010, un día trágico en que un militante del PO era asesinado por la burocracia sindical. Admito que en el momento no comprendí la magnitud de lo que había pasado, ni las implicancias que tuvo el gobierno al cual empezaba a sentirlo propio (implicancias para bien y para mal, obvio).

Pasaban los años y cada aniversario de esa tragedia iba haciéndome distintas reflexiones, influenciado obviamente por la línea de mi organización: que nosotros estábamos totalmente en contra de aquellas prácticas, que no teníamos nada que ver, etc. Que en definitiva de nuestra parte, obviamente, siempre hubieron muy buenas intenciones con todo, pero lástima que algunos dirigentes se aprovechaban de eso y nosotros quedábamos pegados.

Para mi suerte, y quizás para la de muchos, hubieron militantes de izquierda que, de buena o mala manera, nos cuestionaron esa visión y tenían razón en algunos planteos. Realmente ¿no teníamos nada que ver con lo que le pasó a Mariano? Por acción u omisión ¿no fuimos responsables también? Sin ninguna intención de quitar mérito a lo positivo del proyecto político que defendí y defiendo, nuestro gobierno fue el que no terminó con la flexibilización laboral encubierta que nos dejó el laburo tercerizado, fue nuestro ministro de trabajo el que aconsejaba a Pedraza, fue nuestra propia organización política la que lo invitó para que nos forme sobre el mundo sindical. Uno podría decir que no existe ningún gobierno ni funcionario con las manos limpias, que uno podría haberles dado el beneficio de la duda en un principio pero... qué difícil cuando ya salieron a la luz los detalles y el trasfondo de la tragedia ¿no?

Difícil también, ante estos hechos, hacer de cuenta que fue cosa juzgada y que, por ejemplo, nuestro gran ex ministro Tomada (cada vez más querido conforme Triaca siga ejerciendo ese cargo) salió ileso judicialmente. Hablo por mi, quizás para algunos no sea difícil: ampararse en que la justicia no lo juzgó sea suficiente para votarlo, no una, sino dos veces, para dejar de lado nuestros juicios personales, que deben ser políticos si somos militantes y no dejar todo al criterio de lo meramente judicial.

Creo en que cuando uno milita en un espacio político, debe ser militante sin beneficio de inventario, que si está orgulloso de los logros que tuvo ese proyecto, también debe sentir vergüenza de los fracasos, debe repudiarlos y actuar en consecuencia, porque en caso contrario uno los avala también.

Cuando hablamos de volver mejores, realmente deseo que sea de verdad volver mejores y no volver a toda costa o con quien sea. Si hay 2019, que no haya nunca más un 20 de octubre de 2010.

Pasaron 8 años. No me olvido del militante Mariano, no me olvido del “compañero” Pedraza, no me olvido de nuestro ministro Tomada, no me olvido de mi organización, no me olvido de mi.

martes, 29 de mayo de 2018

Gracias...

A quienes hablan y no callan
A quienes sueñan y no duermen
A quienes quieren por lo que es y no por lo que vale
A quienes lloran porque otros ríen y no ríen porque otros lloran

A quienes van de frente
A quienes se preguntan y no se responden
A quienes buscan problemas y no soluciones
A quienes desordenan la vida y no se acomodan en ella

A quienes cuestionan y no asienten
A quienes creen en el sacrificio y no en sacrificar
A quienes brindan seguridad aún con todas sus dudas
A quienes tratan de atacar los motivos y no las consecuencias

A quienes saben que les falta algo y que ese algo no se compra
A quienes sospechan que no son libres
A quienes resisten y dan pelea
Gracias.